Ayer hablamos de que vivimos en un universo gobernado por causas y consecuencias. Hoy vamos un paso más allá: si todo lo que hacemos tiene un efecto con la misma intensidad y en sentido contrario, entonces necesitamos entender qué es exactamente lo que hacemos. ¿Qué tipo de acciones existen?
Los tres niveles de acción humana
El ser humano actúa en tres niveles. No solo en uno — en tres. Y cada uno tiene un impacto diferente en nuestra experiencia.
Acciones burdas: lo físico
Este es el nivel más evidente. Patear una pelota, saludar a alguien, construir una casa. Son las acciones que vemos, las que podemos medir. Corresponden al mundo newtoniano: aplicas una fuerza, mueves un objeto de un lugar a otro.
A estas acciones les damos la mayor importancia en nuestra vida cotidiana. Pero resulta que son solo la capa más superficial.
Acciones sutiles: lo verbal
Aquí la cosa se complica. Porque cuando describes un objeto, la descripción depende de quién eres, de dónde vienes, de qué has aprendido.
Ejemplo: esta taza que tengo aquí. Si la describo como "una taza cualquiera", genera una experiencia. Pero resulta que esta taza es un regalo que me hizo mi hermano, mi primo y mi maestro. La rescató de una casa donde viví con mi familia, a mil kilómetros de aquí. Es la taza donde tomábamos café con leche cuando éramos niños.
No es solo una taza. Y si se dan cuenta, con mis actos verbales le otorgué un significado que sería imposible observar mirando solo el objeto exterior. Nuestras palabras crean realidad.
Acciones muy sutiles: lo mental
Y aquí está lo más profundo. Lo que pensamos — independientemente de lo que hacemos y decimos — también tiene un impacto en nuestra realidad.
Si piensas "Fernando nada más me está dorando la píldora", eso va a determinar tu experiencia de este taller, sin importar qué tan bueno sea el contenido. Pero si piensas "está dando su máximo esfuerzo", tendrás energía disponible para aprender, para ayudar, para conectar.
Lo que piensas de alguien determina lo que experimentas de esa persona — independientemente de lo que esa persona esté haciendo.
La primera sincronía
Si tengo tres niveles de acción, necesito que los tres estén alineados. Esto es lo que en el taller llamamos la primera sincronía: coherencia entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago.
¿Por qué importa? Porque todos queremos estar con gente que haga lo que dice y diga lo que piensa. Eso nos da paz, confianza, tranquilidad. Lo contrario genera desconfianza, sospecha, duda.
Piénsalo en tus relaciones:
- "Dijiste que ibas a venir" — y no viniste.
- "Dijiste que ya no me amabas" — te fuiste, y ahora me mandas un mensaje.
- "Dices que me escuchas" — pero no sueltas el teléfono.
Hay confusión. Y nosotros tenemos que estar advertidos de estos tres niveles si lo que queremos es no confundir a la gente, sentirnos seguros y ser congruentes con la persona que somos o que queremos ser.
Los actos fallidos
En psicología conocemos como actos fallidos esas incongruencias entre niveles. El clásico: alguien que dice que le importa estar contigo, pero no suelta el teléfono. O ese comercial donde el niño le dice al papá "escúchame" y el papá contesta "sí, estoy escuchando" — y el niño responde: "No, escúchame con los ojos".
El niño necesita ser visto. Necesita saber que tiene tu atención. Si estás viendo el teléfono, puedes oír, pero no estás entendiendo lo que está sucediendo.
"Te quiero pero te ignoro" es un acto fallido brutal. "Te amo pero no tengo tiempo para escucharte." Y la persona que ama y toca y ve y escucha y habla con amor y cuando no está te piensa y te manda un mensaje coherente — ahí no dudas. Todos los niveles de interacción señalan lo mismo.
Los cuatro niveles de manifestación
Si las causas se crean con nuestras acciones, entonces nuestro poder de hacer cosas — nuestro poder de manifestación — tiene niveles progresivos:
Nivel 1: esfuerzo directo
Sueño con un helado, me levanto, me visto, voy a trabajar, junto mis pesos, voy a la heladería, compro mi helado. Aquí estamos la mayoría. Indica que no hemos acumulado suficiente mérito todavía.
Nivel 2: condiciones favorables
Sueño con un helado y alguien cerca de mí me dice "¿quieres un helado? yo te invito". Ya hay condiciones exteriores que me acercan a lo que deseo. Un porcentaje menor de la población accede a este nivel consistentemente.
Nivel 3: la "casualidad"
Sueño con un helado, me levanto, y toca la puerta la vecina: "Compré dos helados por error, ¿quieres uno?" Vulgarmente le llamamos casualidad. He visto muchas veces a personas sincronizadas encontrarse con esto: "Estaba pensando en esto y me lo trajiste." No es magia — es mérito acumulado a través de la congruencia.
Nivel 4: mentes superiores
Sueño con un helado y aparece. Reservado para seres como Buda, Jesús, Mahoma. Personas que han acumulado un mérito extraordinario.
El camino: sincronizar para acumular mérito
Entonces, si quiero tener mayor poder de manifestación, el camino es claro: sincronizar mis tres niveles de acción. Que lo que pienso, lo que digo y lo que hago apunten en la misma dirección.
Cuando estos tres niveles están desfasados, nuestros actos se convierten en obstáculos para nuestro desarrollo y nuestra conexión con los demás. Tenemos efectos en tres direcciones diferentes y eso nos da la sensación de estar perdidos — o de lograr cosas pero no estar satisfechos, porque nuestra mente está en otro lugar.
Desde este día dos del taller: tenemos que aprender a sincronizar lo que pensamos, decimos y hacemos. Para mantener un flujo continuo de energía que potencialice nuestro poder creativo y nos genere una experiencia agradable de nuestra vida.
Ejercicio práctico: meditación sobre la sincronía
Instrucciones:
- Cierra los ojos, espalda recta.
- Respira profunda y pausadamente por la nariz.
- Suelta los estímulos exteriores e interiores.
- Escucha tu respiración, siente el movimiento que genera, visualiza el recorrido del aire desde las fosas nasales hasta los pulmones y de vuelta.
- Con la mente tranquila, repite mentalmente:
Todas mis acciones son importantes, ya que — como todo en el universo — tienen efectos con la misma intensidad y en sentido contrario. Es decir, hacia mí misma.
Si actúo bien, tendré experiencias físicas agradables. Si hablo bien, tendré experiencias sutiles de entendimiento. Si pienso bien, tendré experiencias muy profundas de plenitud en mi conciencia.
Me comprometo a sincronizar mis pensamientos con mis palabras y mis palabras con mis acciones. Porque deseo acumular méritos suficientes para alcanzar los más altos niveles de manifestación.
Reflexión para llevar
Tres tipos de acciones: burdas, sutiles y muy sutiles. ¿En cuál necesitas ajustar más? ¿Dónde hay desfase entre lo que piensas, dices y haces?
Si quieres otra experiencia de vida, podemos empezar ya — en esta práctica de meditación — a crear las causas para experiencias más agradables, armoniosas y coherentes.
Nos vemos el lunes.